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Lecciones del coronel Nicholson

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Hace un par de semanas rescatamos de la videoteca El puente sobre el rio Kwai. La había visto ya, pero quise volver a verla sólo para no quitarle el ojo de encima al coronel Nicholson (sir Alec Guinness) y tratar de entender algo mejor el tipo de liderazgo que desempeña el personaje.

La historia, para quien no conozca por qué los ingleses silbaban esa canción tan pegadiza es la siguiente. En plena Segunda Guerra Mundial, un grupo de británicos es forzado a rendirse a los japoneses en la selva del norte de Tailandia. Los japoneses están tratando de construir un tren desde Bangkok a Rangún y al grupo de prisioneros les encargan la construcción del puente que la via debe cruzar por encima del río Kwai.

El oficial japonés al mando del campamento es Saito, un coronel despiadado e intransigente que pretende cumplir con la orden de finalizar el puente en la fecha que le fue encomendada a base de fuerza bruta. Saito ordena que todos los prisioneros trabajen en la construcción mientras que Nicholson se niega a que él mismo y sus oficiales realicen trabajos manuales (de acuerdo con el tratado de Ginebra) y que puedan ser empleados únicamente en la función de mando de sus hombres.

Mientras los soldados se van al trabajo Saito mantiene a los oficiales en tortuosas condiciones con el fin de doblegar su voluntad. La masa de soldados comienza a desmadrarse haciendo todo lo posible por escaquearse del trabajo, boicotear las obras y tratar de sufrir el calor, los insectos y las enfermedades lo mejor que puede cada uno. Como es natural el puente no progresa llevando a Saito a redoblar la represión, realimentando así el círculo del odio y la ineficiencia. En plena desesperación acepta las condiciones de Nicholson: los oficiales británicos no trabajarán sino que dirigirán las obras.

A partir de ahí el coronel se vuelca completamente en la tarea de construir el puente. Algunos de sus oficiales recelan y le señalan que está colaborando con el enemigo, y aquí viene la primera lección del coronel Nicholson: en este momento el principal enemigo de los ingleses es la ociosidad. Tener un objetivo claro, en el que todos tengan que trabajar como un equipo es algo que les hará sentirse parte de algo importante, recuperar la disciplina y la moral, ayudarse unos a otros y volver a ser una compañía. Esto evitará la tentación de las fugas (una muerte casi segura en medio de la selva) y dejarse llevar por la apatía en la enfermedad.

En situaciones inciertas dentro de un equipo se torna fundamental compartir un objetivo común. La mera existencia de ese objetivo es más importante que el objetivo en sí. En organizaciones complejas esto se vuelve fundamental para quien quiera dirigir un equipo que funcione en el medio plazo. Es más, conviene tener dos o tres objetivos en la recámara para los momentos en los que exige la propia organización no cubren toda la capacidad productiva.

La segunda lección de Nicholson es la ejemplaridad. Una vez que recupera el mando sus hombres aceptan de nuevo su liderazgo  porque nunca ha renunciado a las penalidades que le ha causado seguir fiel a sus principios. A pesar de que pueden no entender por qué está construyendo un puente para el enemigo trabajan con ahínco por miedo a defraudar a sus líderes. Los buenos ejemplos también se contagian.

Es muy difícil que tu equipo muestre confianza cuando la orden sea avanzar sobre el barro si quien la da nunca se ha manchado de barro. En última instancia la motivación sólo se puede transmitir con autenticidad, y la autenticidad sólo se puede simular de forma temporal.

Una vez que la maquinaria constructora se pone en marcha las condiciones de vida de los prisioneros comienzan a mejorar así como la propia actitud de sus guardianes. Es entonces cuando nuestro amigo Nicholson comienza a sentirse satisfecho de la marcha de las cosas y comienza a sublimar su propio objetivo. Soñar con el fin de la guerra y un puente construido por soldados británicos que dure tanto como los antiguos puentes de Londres. El objetivo táctico (construir el puente) se apodera del coronel y se convierte en más importante que su propia misión: contribuir con sus medios a la victoria de su país en la guerra.

Una lección que aprenderemos de lo que no hace Nicholson es no olvidar cual es el objetivo último. Muchas veces el inmenso esfuerzo que nos ha costado alcanzar un objetivo nos hace olvidar que pasado un tiempo aquel logro puede convertirse en un lastre.

La película está basada en un libro, que a su vez está basado en una historia real. Queda siempre la duda de si la ficción está a la altura de la realidad.

Érase una vez un blog

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Cuvée de l'ErmitageYo tenía un blog.

Cada año en setiembre vuelvo a vivir un «momento de año nuevo». Va acabando el verano y el calendario me recuerda añadir uno a la cuenta de los movimientos de traslación que le he visto dar a La Tierra. En aquel setiembre de 2005 me lancé a publicar en un blog historias que hasta entonces enviaba por correo a mis amigos.

Así comenzó aquel blog, como una recopilación de relatos y crónicas de los viajes y el verano. A la larga se convirtió en mi personalidad en el mundo de internet, que a menudo tomó independencia plena de mí mismo.

Duró en activo poco más de dos años, que para mí fueron siglos, seguro que por todo lo que viví en ese tiempo. Llegó a un punto en el que dejé de tener la motivación para escribir. Y he pasado años intentando (de vez en cuando) averiguar el motivo.

Internet también fue cambiando mucho. Llegaron Facebook y Twitter y aquello dejó de ser ese salvaje oeste donde todos los pistoleros nos íbamos conociendo. El ruido en la señal comenzó a aumentar. Un día de pronto me vi perdido entre la muchedumbre y pensé que ya no tenía nada que contar.

Por aquel entonces conocí a Sara y mi vida también cambió signifiativamente. Gracias a ellas descubrí miles de nuevas formas donde desplegar mi creatividad. Internet se quedó sólo para leer.

En mi carrera profesional también di un par de saltos cualitativos. He pasado temporadas bastante largas en las que me he enfrentado día tras día a problemas que requerían de toda mi capacidad intelectual, física y emocional. Y aún así no servía para siquiera comprenderlos y abordarlos en su totalidad. Internet se quedó sólo para consultar los foros tecnológicos (y alguno de autoayuda).

Años después llegó Paz, y aprendimos a prepararnos para ver llegar un bebé y cómo criar a una niña que no deja de sorprendernos cada mañana. Ya le ha dado la vuelta entera al calendario y está a punto de cumplir un año. Internet se quedó sólo para los foros de padres con dudas (aunque casi sólo escriben las madres).

Nunca hubiera podido hacer todas estas cosas sin este tiempo de silencio. He tenido que concentrar toda mi energía, toda mi capacidad y mi creatividad en afrontar mis retos personales. Al mismo tiempo, esa continua introspección me ha alejado del mundo en el que vivo.

Este verano fui invitado a una conferencia de Alfonso Alcántara sobre el mundo profesional 2.0. De las muchas ideas que lanzó y que yo capturé me quedo con una: 2.0 es compartir. A mis vacaciones me llevé (entre otros) el último libro del doctor Valentí Fuster «El círculo de la motivación«. La clave principal del libro: vivimos en una sociedad en la que podemos contribuir, y eso es una oportunidad para llenarnos de satisfacción.

Caminando por los bosques de Schwarzwald fui macerando algunas ideas largo tiempo almacenadas en la sustancia gris que me queda operativa con estas otras dos recien adquiridas. Compartir. Contribuir. Parte del resultado es este blog.

Me hubiera gustado recuperar el dominio original, pero está secuestrado por una empresa cazadominios a la que no pienso pagarle un duro. Debía conservar buenas estadísticas aún después de muerto. El subtítulo de aquel blog era «Recorriendo la vida por carreteras secundarias». No sé si tendría vigencia total en la actualidad (me veo circulando por la general), pero sí que puedo decir, como Willie Nelson que ahora estoy On the road again.

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