tropa-de-eliteTropa de Élite (José Padilha, 2007), es una de mis películas favoritas de lo que llevamos de siglo. Tratando de no hacer spoiler: Roberto Nascimento (Wagner Moura, más conocido ahora por interpretar a Pablo Escobar en Narcos) es el capitán del BOPE (Batalhão de Operações Policiais Especiais) de la policía militar de Río de Janeiro. Prácticamente el único reducto de las fuerzas de seguridad que no está carcomido por la corrupción.

Es el año 1997 y el Papa Juan Pablo II tiene programada una visita a la ciudad. Como muestra de su compromiso con los pobres, Wojtyla quiere dormir una noche en una favela. El capitan Nascimento recibe el encargo de apaciguar la favela desde semanas antes de la llegada del pontífice. Una misión muy poco concreta: ninguna banda que desarticular, ningún narcotraficante que capturar, sólo mostrar la presencia y dureza policial durante varias semanas para que la noche de marras sea más fácil garantizar la seguridad.

A partir de ahí empieza una acción trepidante que narra con explícita violencia los métodos del BOPE y de los rivales a los que se enfrenta. El mundo de Nascimento comienza a desmoronarse una vez que que es consciente de la tremenda realidad: se está jugando su integridad personal, su vida y la de sus hombres en una misión que sencillamente no comprende.

Favela de Rio de Janeiro

La película deja continuamente frases como para enmarcar. Destaco únicamente mi favorita: “El sistema no trabaja para resolver los problemas de la sociedad, sino para resolver los problemas del sistema.” Aplicable al 100% a la gran corporación.

Me he acordado muchas veces en mi carrera del ficticio capitan del BOPE. La última vez la semana pasada hablando con un colega a quien diagnostiqué el Síndrome del Capitán Nascimento: algo tan simple como la sensación de parálisis ante el descubrimiento de que el trabajo que estás haciendo no sirve a los objetivos declarados en la misión a la que fuiste asignado.

El síndrome del capitan Nascimento esconde un terrible dilema moral, un conflicto de valores. A saber, ¿cómo se es mejor profesional?
1) cumpliendo ciegamente las órdenes a pesar de no creer que te acerquen a los objetivos.
2) trabajando en pos de los objetivos aún cuando impliquen acciones que entran en conflicto con órdenes directas o tácitas.

La épica del emprendimiento y de la innovación nos cuenta que triunfan los que toman la segunda opción. Linkedin está llena de historias (reales o ficticias) de aquellos innovadores que ignoraron todas las normas establecidas, arriesgaron y consiguieron triunfar. Yo a mi alrededor veo que le suele ir mucho mejor a quien toma la primera opción.

El autor en el Cristo RedentorLa solución que yo he encontrado para enfrentar el síndrome Nascimento es conseguir mover los dos ojos de forma independiente, como el camaleón: uno apuntando al corto plazo (la primera regla para hacer bien tu trabajo es conservar ese trabajo) y otro al largo plazo (todos los objetivos importantes requieren de paciencia). Así se lo dije a mi compañero.

En el año 2005 tuve la fortuna de pasar una semana en esa ciudad, maravillosa a la vez que trágica, que es Río de Janeiro. Atravesé en bicicleta el túnel Zuzu Angel camino de Sao Conrado. Al pasar por la entrada a la Rocinha sólo de ver la tanqueta de la policía militar con su escuadrón armado hasta los dientes ya se te hiela la sangre. Pienso en quien tiene que subir de noche vestido de negro a dar caza a algún bandido y reconozco que mi trabajo no es realmente tan estresante. Claro que si hacemos un largometraje sobre los avatares del BOPE de la de consultoría e integración de sistemas… ¿realmente alguien tendría interés en verlo?