David Graeber es un tipo de lo más interesante. Antropólogo y anarquista, profesor de algunas de las universidades más prestigiosas del mundo y líder de los movimientos más contestatarios que ha visto el final del siglo XX y principios del XXI. Entre ellos los movimientos por la Justicia Global u Occupy Wall Street.

Un sábado por la tarde me había comprado su último libro “La utopía de las normas. De la tecnología, la estupidez y los secretos placeres de la burocracia” y en cuatro días ya me lo había terminado. Es un ensayo excelente y cautivador lleno de ideas frescas y un tanto contraintuitivas, que leídas un par de veces te arrancan un “hmmm… ¡pues tiene sentido!“.

El argumento empieza de una forma bastante sencilla: vivimos tan sumidos en las regulaciones burocráticas que ya apenas las percibimos.

Nos dotamos constantemente de normas y procedimientos con el teórico objetivo de eliminar la arbitrariedad de las decisiones que toman algunas personas. Pero tarde o temprano dichas regulaciones entran en contradicción entre sí y se requiere que alguna persona las interprete volviendo a traer la arbitrariedad a la ecuación… o bien añadiendo más regulación para tratar las excepciones.

Solemos asociar la burocracia a los procedimientos de los gobiernos, pero Graeber nos muestra como el aparato burocrático en toda su dimensión actual nace con las grandes corporaciones norteamericanas de finales del siglo XIX.

Como en el cuento de Borges, es difícil que el mapa sea tan grande como el Imperio. A los que estudiamos Ingeniería del Software ya nos lo contaron en segundo de carrera: los modelos no son la realidad.

Ante la tentación de pensar que nuestra sociedad dispone de los recursos necesarios para mantener todo ese esfuerzo burocrático sin salir perjudicada por ello, Graeber nos señala que toda la energía que dedicamos a la burocracia se la estamos quitando a la creatividad.

Su tesis, por decirlo en pocas palabras, es que hemos creado un mundo en el que los procedimientos acaban por ahogar el principal valor humano que nos permitió salir de las cavernas. Los investigadores científicos dedican más de un 40% de su tiempo de trabajo a papeleo que nada tiene que ver con los objetos de su investigación. Esto lo puedo corroborar por conocidos que se dedican a la investigación en España.

Consecuencia de lo anterior: todos los filtros burocráticos que existen en la ciencia hacen mucho más difícil que las ideas originales prosperen en el laberinto. Algún investigador señalaba que hoy en día Einstein nunca hubiera conseguido publicar su Teoría de la Relatividad.

Me he divertido muchísimo con el análisis que hace de algunos personajes de la cultura popular en su relación con la burocracia. Por ejemplo, investigadores como Sherlock Holmes o James Bond son venerados precisamente porque son capaces de resolver los casos pasando por encima de los sistemas burocráticos y triunfando allá donde aquellos no lo logran. De la misma manera que los detectives de las películas de Hollywood de los 80: sólo resolvían el caso cuando su capitán les había apartado del caso.

Mi relación personal con la burocracia es bastante ambigua. Reconozco el valor que tiene establecer métricas estables y ser estricto en su seguimiento. Pero pronto te das cuenta de lo fácil que es trabajar para tener un buen resultado en las métricas sin que el espíritu de lo que representan vea ninguna mejora. Creo que la burocracia es un elemento central de los sistemas de gestión basados en la desconfianza, pero al mismo tiempo cumplir con ella al menos formalmente me parece que es enviar una señal de confianza a quien gestiona dicho sistema.

Las claves de mi relación con la burocracia son, básicamente dos:

* Qué pasa si no cumples (ni lo intentes con la Agencia Tributaria)

* En qué momento cumplir con tus obligaciones burocráticas te está alejando de tus verdaderos objetivos.

¿y vosotros, os sentís coartados en vuestra creatividad por el papeleo?

 

PD: Hace poco retwiteé un mensaje de Graeber que me pareció como para enmarcar. Su libro, por cierto lo leí en formato ebook.