Me había interesado por la certificación PMP unos meses atrás. Pero vista desde fuera pensé: cuesta una pasta, seguramente requiera un montón de horas de estudio, no tienes ninguna garantía de aprobar y en caso de que lo consigas tampoco sabes si realmente sirve para algo. Sin embargo, cuando es la empresa la que cubre los gastos, al menos una de las cuatro variables queda despejada. Eso sí, las otras tres siguen intactas.

El proceso para optar a la certificación PMP, otorgada por el Project Management Institute (PMI) es más o menos sencillo:

1) Debes acreditar unos miles de horas de experiencia en dirección de proyectos

2) Realizas un curso presencial (en grupo) de unas 40 horas impartido por una empresa acreditada

3) Superas un examen de tipo multirespuesta. 4 horas. 200 preguntas con 4 opciones cada una.

El temario del examen está recogido en el libro conocido como PMBOK, un ladrillo de 500 y pico páginas donde se desglosa toda la metodología de gestión de proyectos de PMI. A primera vista asusta, pero una vez que entras en faena no deja de ser una metodología con todos sus flujos de procesos, entradas, salidas y documentos. Si realmente has hecho dirección de proyectos no te sorprenderá demasiado. Es otro estándar, y como dijo aquel sabio, lo bueno de los estándares es que hay muchos donde elegir.

Como en todas las metodologías, su lógica interna es incontestable. Puedes opinar lo que quieras sobre ella, pero el examen versa sobre la metodología PMI, no sobre tu opinión sobre la gestión de proyectos.

El la quinta versión del PMBOK (la que me tocó a mí) hay 47 procesos que debes conocer de izquierda a derecha y de arriba a abajo, así como las relaciones entre ellos. Una vez que memorizas esa parte ya sólo tienes que dejarte llevar por la lógica interna de PMI, que dicho sea de paso, está llena de sentido común. Esto es precisamente una de las mayores dificultades al hacer el examen, dado que pocas cosas de las que aparecen en el libro te sorprenden y el examen está lleno de respuestas trampa, cosas que podrían ser, pero que no son.

Además de preguntas situacionales (te plantean un estado de un proyecto y te piden tomar la decisión más adecuada según el criterio PMI) hay muchas definiciones del estándar que hay que saberse y cultura general sobre la gestión de proyectos: cronogramas, caminos críticos, gestión de la calidad, gestión del alcance, etc. Cosas que ya hacíamos sin saber en algunos casos que lo estábamos haciendo.

En el curso repasamos los procesos más importantes, hicimos algunos test de prueba y algunas otras dinámicas, pero lo que a mí más me aportó de cara a la certificación fueron los ejemplos de situaciones reales que Santiago y Mariano compartieron con nosotros desde su larga experiencia profesional. Eso fue lo que me ayudo a poner en contexto que la metodología que estaba estudiando era aplicable a más proyectos además de los míos. Es decir, que PMI trata de reunir las mejores prácticas de todos los sectores y todo tipo de empresas. Creo que sin el curso hubiera sido difícil alcanzar ese nivel de abstracción necesario para enfrentarte a las preguntas situacionales en el examen.

En mi caso, desde que fui inscrito hasta la fecha de examen que me asignaron tenía 12 semanas, así que desde el primer día me monté un plan para afrontar el desafío. Para no quitarle tiempo a la familia, evité estudiar los fines de semana. Madrugué una hora más de lunes a viernes y dediqué al estudio las dos primeras horas de la mañana, cuando el cerebro aún trabaja en estado alpha. Para mí sin duda son las horas más productivas del día. Total, unas 110 horas de estudio (algún día fallé).

Aún con toda la organización que quieras, estudiar es sacrificado. En mi caso, además de dormir un poco menos el estudio me privó de salir a correr con mi grupo de running “My Little Pony” que dos veces por semana se concentra a las 6am en la Dehesa de la Villa intentando que el amanecer nos encuentre por debajo de 5 minutos el kilómetro. Es una actividad sin la que me cuesta mucho mantener el equilibrio de todas las otras de mi vida.

Una actividad fundamental para aprobar es realizar simulaciones de exámenes. Y hacer al menos una simulación en real (200 preguntas y 4 horas sin interrupción). Es importante para tener en cuenta cosas como cuanto tiempo puedes aguantar en un examen sin ir al baño. Porque el día del examen hasta ese tiempo es importante.

El examen es muy exigente. Hay que tener los conceptos muy claros porque todos los enunciados están escritos para despistarte y apenas tienes tiempo para revisar una pregunta dos veces. En mi caso hubo 8 preguntas a las que no pude contestar ni si quiera por azar (los fallos no descuentan). Fueron 240 minutos con las neuronas trabajando como los remeros de una galera de don Juan de Austria viendo poco a poco cómo los turcos se nos escapaban. Cuando entregué y salí al pasillo era incapaz de hablar con mis compañeros, tenía la mirada perdida y la primera sensación de la que fui consciente fue la necesidad de alcohol. Me fui a comer y cambié la habitual botella de Font-Vella por una Mahou clásica y mira que me gusta poco la lata verde.

Al hacer el examen en papel (también se puede hacer por ordenador) tardé unas tres semanas en conocer el resultado. Una mañana miré el correo en el teléfono y leí un “Congratulations” en el asunto de un email remitido por alguien@pmi.org. Mi alegría no pudo ser más grande. De repente los árboles se llenaban de hojas y el viento peinaba la hierba a mi alrededor mientras el sol teñía las nubes de rojo en una preciosa puesta de sol… acababa de descubrir que 2015 iba a tener verano para mí.

Mis conclusiones tras toda esta experiencia:

1) No creo que uno sea mejor Director de Proyectos por tener la certificación PMP.

2) Pero si has conseguido superar el examen de certificación PMP el mundo puede tener la garantía de que tienes bastante claras las ideas sobre gestión de proyectos.

3) El principal valor de PMI es poner en un modelo semi-científico la gestión de proyectos: no hay milagros. Todas las decisiones de gestión tienen sus consecuencias. Si no eres capaz de comprender la complejidad, entonces no serás un buen director de proyectos… y lo más probable es que no apruebes el examen.

Me queda mucho por hablar sobre PMI, seguramente para futuros artículos. Pero no me gustaría finalizar sin expresar un sincero agradecimiento a Isban (mi empresa) por dos motivos:

* a nivel personal, que me haya ofrecido la posibilidad de obtener la acreditación: cubriendo los gastos y ofreciéndome la flexibilidad necesaria para poder estudiar.

* a nivel colectivo, que haya puesto la fe necesaria en la profesionalización de la dirección de proyectos. Ofrecernos esta posibilidad es para mí realmente, pasar de las palabras a los hechos.

Tiempo después nuestro propio Director General nos felicitó en persona en un acto en el que quedamos inmortalizados esta panda de sufridores (pincha para ampliar y encontrar a Wally). Gracias de verdad.

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